Capitulo 22 "Mr. Jay, la obsesión que no sé soltar"
No sé si lo amo o si simplemente no sé olvidarlo. Pero cada vez que vuelve —aunque sea solo en una videollamada— algo en mí se enciende, como si el alma reconociera su idioma antes que la razón. Anoche lo vi otra vez. Y bastó eso: verlo. Su voz, su risa, la manera en que sus ojos se curvan cuando sonríe. No dijo nada fuera de lo común, pero todo en él me resultó extraordinario. Ese tipo de presencia que desarma, que hace que el tiempo se pliegue y la vida se vuelva una pausa. De pronto todo regresó: las mariposas, el temblor, esa sensación infantil de sentirme a salvo solo porque él existe. Con él no soy la mujer que todo lo puede; soy la que respira despacio para que no se note lo mucho que tiembla por dentro. A su lado vuelvo a ser la niña que encontraba refugio en unos brazos, sin miedo al mundo, sin miedo al amor. Y, sin embargo, hay algo casi cruel en lo que pasa entre nosotros: nunca prometemos nada, y aun así, cada encuentro parece una promesa que el universo se empeña en repeti...