Capitulo 22 "Mr. Jay, la obsesión que no sé soltar"

No sé si lo amo o si simplemente no sé olvidarlo.
Pero cada vez que vuelve —aunque sea solo en una videollamada— algo en mí se enciende, como si el alma reconociera su idioma antes que la razón.

Anoche lo vi otra vez.
Y bastó eso: verlo. Su voz, su risa, la manera en que sus ojos se curvan cuando sonríe.
No dijo nada fuera de lo común, pero todo en él me resultó extraordinario.
Ese tipo de presencia que desarma, que hace que el tiempo se pliegue y la vida se vuelva una pausa.

De pronto todo regresó: las mariposas, el temblor, esa sensación infantil de sentirme a salvo solo porque él existe.
Con él no soy la mujer que todo lo puede; soy la que respira despacio para que no se note lo mucho que tiembla por dentro.
A su lado vuelvo a ser la niña que encontraba refugio en unos brazos, sin miedo al mundo, sin miedo al amor.

Y, sin embargo, hay algo casi cruel en lo que pasa entre nosotros: nunca prometemos nada, y aun así, cada encuentro parece una promesa que el universo se empeña en repetir.

Después de colgar, puse “¿De qué estoy hecha?” de Eva Ayllón.
Y ahí estaba mi respuesta y mi pregunta en una misma voz:
¿De qué estoy hecha para seguir sintiendo así, para amarlo a través del silencio, para reconocer su ausencia como una presencia que no se va?
La escuché una, dos, tres veces, mientras pensaba que tal vez estoy hecha de sus gestos, de su manera de mirarme, del eco que deja cada palabra suya cuando se despide.

Mr. Jay tiene esa calma que te destruye suavemente, ese magnetismo que te convence de que el caos también puede ser hogar.
No sé si él lo sabe, pero lo admiro profundamente: por su forma de pensar, por cómo enfrenta la vida, por ese brillo discreto que no necesita alardes.
Él es el tipo de hombre que no busca impresionar, y aun así deja una huella imborrable en quien tiene la suerte de conocerlo.

A veces creo que no nos enamoramos de las personas, sino de la manera en que nos hacen sentir.
Y con él, siempre me sentí valiosa, protegida, vista.
Nunca hubo una gran historia, pero cada instante tuvo el peso de algo eterno.

Y entonces me pregunto:
¿Y si el verdadero amor no es el que se queda, sino el que te transforma aunque se vaya?
¿Y si hay personas que llegan solo para recordarte quién eras antes de dejar de creer?

No sé si algún día podré dejar de escribir sobre él.
Porque escribir sobre él es, en el fondo, escribir sobre mí: la versión que ama sin miedo, que siente sin reservas, que no pide garantías, solo presencia.

Mr. Jay no es el final de mi historia, pero sí su punto más humano.
El capítulo que leo cuando quiero recordar que alguna vez sentí de verdad.
Y aunque la vida nos empuje por caminos distintos, sé que parte de lo que soy lleva su nombre, bordado entre la piel y la memoria.

Porque hay amores que no se explican, solo se sienten.
Y si alguna vez me preguntan de qué estoy hecha,
diré que un poco de silencio, algo de nostalgia, y todo lo demás… de él.


---
Estoy hecha de ti ... J.

Comentarios

Entradas populares